lunes, 9 de abril de 2012

Espejos

Me ducho animada (ducharme desanimada no tiene ningún sentido), me seco el pelo con energía, consiguiendo una ondulación y volumen espectaculares. Me doy rimmel, me pongo un pantalón y chaqueta de cuero y salgo a la calle escuchando 'Billie Jean' en los cascos. Cuando caminas por la calle a ritmo de Michael Jackson, desde fuera pareces muy segura de ti misma. Estoy contenta y me siento como uno de Los Ángeles de Charlie, con la melena rizada al viento y el paso decidido. Sí, tengo un buen día y me encuentro atractiva.
Llego a mi destino y todo se tuerce. Un espejo que parece estar diciendo "mírame" atrae mi atención y acabo clavando en él mis ojos. Mal. De repente compruebo con decepción que no me parezco a una chica de Charlie. Más bien parezco una señora con la piel grasa y el pelo encrespado. Un momento, ¿qué ha pasado? ¿Qué ha sucedido en el transcurso de mi casa hasta aquí? ¿Acaso siempre tuve este aspecto? ¿Cuándo dejé de parecer un Ángel? Y entonces piensa una que nunca estuvo tan guapa como se sentía ya que el espejo evidencia lo contrario. Pues no, esto no es verdad! ¿Por qué tenemos que estar equivocad@s nosotr@s? ¿Acaso no puede estar equivocado él? El espejo no tiene por qué evidenciar nuestra decadencia, el espejo lo que hace es inventarla. ¿Por qué? Pues por fastidiar. Los típicos espejos que hacen las cosas por fastidiar.
Pero no basta con huir de los espejos, a veces las personas que nos rodean también funcionan como tales. Hay quien te mira y te embellece y hay quien te mira y te hace sentirte como un orco. Y luego hay quien siente la necesidad tremenda de decirte cómo te encuentra: "Tienes mala cara hoy". A ver, ¿qué me aporta esta información exactamente? Me dan ganas de contestar: "Bueno, por lo menos lo mío es transitorio". 
Conclusión: Si tienes un mal día, no te mires. Si tienes un buen día, no te mires. Si queremos estar guap@s, empecemos por estar content@s. No hay otra...

jueves, 1 de marzo de 2012

Ego

A veces me siento como un apuntador. Yo doy el pie y el otro suelta el monólogo. Hay muchas conversaciones en las que lo de menos eres tú. Lo importante es que el otro tenga público. Comienzan a hablar y evitan incluso parar a respirar por si el interlocutor aprovecha ese mínimo descanso para intervenir. Prefieren jugarse la vida y quedarse sin aire a ser interrumpidos por tus intrascendencias. Digo yo que la gracia de tener a otra persona delante es la comunicación con esa persona y no la demostración de tus supuestas capacidades, teorías o reflexiones. Pero hay mucha gente en la que no percibo ningún interés por quienes les rodean. 
El otro día se me acercó un tipo en un bar. Esto no es muy habitual, porque yo en los bares de noche emito una frecuencia negativa que repite "no te acerques a mí, ni se te ocurra, esto no va a salir bien". Pero éste no captó la frecuencia porque para eso hay que estar atento a algo que no seas tú, y no era el caso. Me preguntó a qué me dedicaba casi antes de preguntarme por mi nombre. Imagino que es importante encasillar rápidamente. "¿A qué te dedicas?" "Escribo" (mi naturaleza nocturna es borde con tendencias chulescas) "¿Escribes?" (pausa dramática en la que parece que podría llegar a interesarle) "Pues te voy a leer una cosa que escribí yo un día..." ¡Por dios, qué exhibicionismo patológico! Es como si pregunto: "¿A qué te dedicas?" "Canto" "Ah, pues siéntate, te voy a interpretar 'Como una ola', que mi madre me dice que lo hago con mucha gracia"...
De repente te sientes como un figurante, puesto en escena para servir a ese personaje principal que cree estar lo suficientemente completo como para no necesitar nutrirse de las palabras del resto de la humanidad. Pero es complicado que alguien a quien no le interesan los demás sea una persona interesante. Por eso intento huir de los que sufren un ego desorbitado, de los que están encantados de conocerse, de los que hablan porque les gusta escucharse, de los que no escuchan porque dan por hecho que nadie tiene nada que aportarles.
Huyo de todos esos egocéntricos que no hacen más que pensar en ellos mismos en vez de pensar en mí...
Y claro, así va todo.

sábado, 4 de febrero de 2012

La Pareja

En el colegio jugábamos a Parejas y Unidades. Las parejas perseguían a las unidades y, al alcanzarlas, éstas eran eliminadas. Las unidades, sin embargo, sólo podían huir. Mal empezamos. ¿Es la pareja más fuerte que la unidad sólo por ser más en número? Los juegos infantiles son, claramente, un reflejo del funcionamiento social. Recuerdo aquella canción que cantábamos las niñas cogidas del brazo "Al jardín de la alegría quiere mi madre que vaya, a ver si me encuentro un novio, el más bonito de España". Uno, ¿por qué limitar la búsqueda a España? ¿Acaso no tenemos derecho a un novio extranjero? Dos, ¿la alegría está estrictamente ligada a encontrar novio? Estas son las cosas que llevamos oyendo desde los cinco años y ahora es complicado quitárselas de la cabeza y pensar que la pareja es una opción más, pero no la única. No estar en pareja no es un fracaso social, porque la pareja no es nada. No somos dos, somos uno más uno. Puede que te apoyes en otro, que te acompañes, que cuentes con el otro, pero la vida sigue siendo un camino personal. Estar con otro puede hacerte el día a día más fácil, o más difícil. Puede empujarte a aprender, o a agazaparte para siempre y no sacar la cabeza de tu nidito de amor. Estar con otro puede ser una experiencia maravillosa, pero estar solo también. Las emociones son individuales, incluso el amor es un sentimiento personal que se comparte, pero no por eso deja de ser individual. Todos hemos pasado por una ruptura en la que tus amigos te dicen que no debes preocuparte, "seguro que encuentras a otra persona". Pero a nadie se le ocurre decirte: "No te preocupes, sola puedes estar estupendamente". ¿Por qué? ¿Por qué no asumimos de una vez que en el jardín de la alegría no hay sólo novios nacionales esperando nuestra llegada sino experiencias vitales más allá del modelo social?
La pareja no existe........ Son los padres!

domingo, 15 de enero de 2012

Consejos para superar una ruptura

Comenzamos por el primer consejo (comenzar por el segundo no tendría sentido ninguno). Si de verdad quieres sentirte mejor tras la separación, empieza por no escuchar música que te recuerde a él, ni el tema con el que os conocisteis ni aquella canción que te dedicó cuando todavía estaba enamorado de ti ni la que sonaba en el restaurante cuando rompíais ni la que sonaba en el coche cuando volvíais a casa después de romper... Acabamos antes si no escuchas música durante un tiempo. No veas Los puentes de Madison. No le llames para ver cómo está si todavía no estás preparada para escuchar que se encuentra perfectamente. No te engañes pensando que no va a encontrar a nadie como tú. No te engañes pensando que no vas a encontrar a nadie como él. No te engañes pensando que nadie te va a querer. No te engañes pensando que vas a ligar como en tu vida. No te engañes pensando, punto. No salgas a ligar inmediatamente, sólo conseguirás acabar comparándole con todos los posibles candidatos o llorar en brazos de los desconocidos con un mojito de más. No hagas como que no pasa nada, sí que pasa, y además no pasa nada (parece confuso, pero tiene sentido... creo). No intentes sacar el tema constantemente sin que venga a cuento: ...¿A cuánto están los tomates?, es que me acabo de separar... Si estás en Facebook y él también, date de baja, si le tienes en el Messenger, dale de baja, si le tienes de vecino, cámbiate de casa, si todavía vivís juntos, haz como que no le ves. No preguntes a los amigos comunes si saben algo de él, no vaya a ser que lo sepan. No veas Los puentes de Madison. No hables de él en pasado: Sigue vivo, sólo que no está contigo. Es mejor asumirlo cuanto antes. No llores más de media hora diaria. No llames a tus amigas pretendiendo estar interesada en cómo están ellas si lo que realmente quieres es hablar de cómo estás tú. No son tontas, te conocen. No te agobies cuando compruebes que desde tu ruptura todas tus amigas hasta ahora solteras están iniciando relaciones sentimentales. No lo hacen a propósito, esto va así. No veas Los puentes de Madison. Si te ves con casi 35 o más y el deseo de ser madre, no desesperes y repítete: Si la Quintana ha podido a los 50, a mí me queda para largo. Y luego lloras tu dosis de media hora. No hagas caso a tu monólogo interior cuando te dice que eres la mejor ni cuando te dice que eres una mierda. Lo más probable es que no seas ninguna de las dos cosas. Nadie lo es. Las rupturas son duras, todo el mundo lo sabe, pero recuerda que siempre se superan. Eso te va a pasar. Bueno, tengo que irme, ponen Los puentes de Madison en la tele. Nada personal. 
(A todas/-os los que somos capaces de mirar al pasado con una amplia sonrisa, a las/-os que no saben cómo sonreír al presente y a quienes les hace falta un empujoncito...) 


sábado, 31 de diciembre de 2011

Deseos de Año Nuevo

Observad el ritmo de la vida. A horas, frenética. A horas, callada, dormida. Y en un discreto segundo plano, la estrella. Como las cuentas de un collar, entrelaza los deseos y los ruegos: El último libro de Katherine Pancol. Un trabajo ¡Ya! Que no deje de quererme. Que me mire de una vez. Conseguir el papel de mi vida. Que todo se arregle. Largarme al fin del mundo. La casita de Pin y Pon. Que me salga rica la cena. A falta de la del Gordo, que sea la del Niño...
Su centelleo trata de llamar la atención de la felicidad, con sus caprichosos contoneos, que enreda mucho a unos y se muestra esquiva para otros. De vez en cuando se envían una mirada de soslayo... Entonces, le susurramos nuestros anhelos antes de que vuelva a su escondite. Un coche nuevo. Que se ponga bien. Que recupere la sonrisa. Unas buenas fiestas...
Cerrad los ojos y pedid vuestro deseo...
¡¡¡Feliz noche!!!

sábado, 19 de noviembre de 2011

Mi hombre perfecto

El hombre perfecto debe ser muy hombre, pero además muy sensible. Sexual, pero que no esté obsesionado con el sexo. Cariñoso, no pesado. Divertido, pero no graciosillo. Guapo, pero que no te haga sentir fea. Decidido, pero que no abrume. Que le interese el arte, pero que no sea un pedante. Inquieto, no hiperactivo. Atento, no agobiante. Independiente, no indiferente. Serio, pero espontáneo. Familiar, pero no conservador. Protector, no paternalista. Creativo, pero cuerdo. Que sepa estar en cualquier situación, excepto en las que yo no quiero que esté. Fiel, pero no posesivo. Que me quiera, pero que no sea el centro de su vida. Que sea el centro de su vida, pero que cuando me agobie tenga otros centros en su vida. Inteligente, pero que no vaya de listillo. Que sepa idiomas, pero que no me lo restriegue todo el rato. Leído, pero vivido. Carismático, pero humilde. Deportista, pero que no insista en subir a la montaña todos los fines de semana. Que sepa informática como para arreglarme el ordenador, pero que no esté todo el tiempo metido en internet. Ligero, no superficial. Profundo, pero no intenso. Que le guste hablar, pero no todo el rato. Que le guste estar en silencio, pero no todo el rato. Que quiera estar en mi vida, pero no todo el rato. Que me abrace cuando haga frío, pero no cuando haga mucho calor. Que se mantenga a una distancia prudente en el entretiempo. Que se ría conmigo, pero no de mí. Que sea bondadoso, pero no tonto. Que tenga un ático amplio en el centro, pero que no le importe que lo decore yo. Espiritual, pero con los pies en la tierra. Perfecto, pero humano...
No sé, me da que voy a acabar sola...

miércoles, 9 de noviembre de 2011

¿Te conformas?

Una ya no sabe si con los años es más sabia o más lerda... Claro que, si no soy capaz de identificar si soy más sabia o más lerda, me temo que la balanza se inclina hacia la segunda opción (podéis salir en mi defensa con comentarios a pie de escrito). Soy incapaz de discernir entre la ductilidad que te ofrece la experiencia y la inercia vital. Me han dicho tantas veces que soy demasiado exigente con los hombres que he llegado a preocuparme. Y ahora temo caer en esa inercia y creerme que en realidad lo que hago es adaptarme a las circunstancias en vez de pretender que los demás sean como yo quiero (es muy frustrante que los demás no sean como yo quiero). Como ya he dicho yo sabiamente alguna vez, no sé si he elevado el espíritu o he bajado el listón. ¿Conformarse o adaptarse?
Una vez que has asumido que el hombre de tu vida probablemente no sea ningún tío bueno, pasas a los siguientes requisitos, no sé si con sabiduría o resignación. "Igual no es tan guapo, pero el físico no lo es todo". Hasta aquí, bien, aunque la cosa va degenerando: "Vale que no está muy equilibrado, ¿pero quién lo está hoy en día?"... "Quizá no sea muy listo, pero seguro que tiene gran corazón"... "Para qué nos vamos a engañar, tampoco es que sea una gran persona pero, oye, tiene sentido del humor"... "Yo reírme no me río, pero donde esté la química"... "Bien, ¿dónde está la química? Porque aquí no"... "Bah, el sexo está sobrevalorado, lo sabe todo el mundo"...
Por eso tengo mis dudas sobre si uno acaba cediendo con tal de no estar solo o simplemente traspasa su intransigencia y acaba descubriendo el lado oculto y a veces mágico de los demás. ¿Pero qué buscamos en la pareja? ¿Qué otros estilos de vida nos quedan por descubrir? ¿Nos estamos conformando con este modelo o es realmente el que necesitamos? Me encantaría contestar a todas estas preguntas, pero no va a poder ser porque no tengo tiempo... Vale, también influye que no conozco las respuestas. ¿Algún voluntario?