miércoles, 4 de diciembre de 2019
Sin miedos
No tengas miedo a cometer errores, pero sí busca aprender de ellos.
No tengas miedo a ser creativo, busca los distintos ángulos y posibles soluciones a los problemas.
No tengas miedo a salir de tu zona de confort, cuanto más lo haces, más cómodo se vuelve.
No tengas miedo cuando se te presenten las oportunidades, es peor pensar después “y si lo hubiera hecho…”
No tengas miedo de soñar, pero busca la forma de hacer tus sueños realidad.
No tengas miedo de planear, pero ejecuta tus planes.
No tengas miedo. Las amapolas florecen solas en medio del trigo...
Ten un gran día,
Susana
Paciencia...
Ok
¡Que tengas un gran día!
Stephen Covey es el autor del bestseller "7 hábitos de la gente altamente efectiva". Y alguna vez dijo lo siguiente:
Sé paciente contigo mismo. El crecimiento personal es suave; es terreno sagrado. No hay mayor inversión que éste.”
Y vaya que es cierto. Tanto lo de invertir en ti mismo, como lo de ser paciente. Y esto me lleva a lo siguiente:
Deja de buscar cambios radicales. Créeme, no hay éxitos de la noche a la mañana. Es como una pequeña bola de nieve que va creciendo conforme camina, hasta volverse una avalancha.
Y lo entiendo, muchos buscamos los "trucos mágicos” que nos hagan mejores de forma instantánea. Pero… piensa en cualquier persona que admires. No llegó a ese lugar mágicamente. Fueron una serie de pasos pequeños y acciones consistentes. Día tras día.
¿Cuáles son estos pasos que estás tomando? Pregúntate si te están llevando en la dirección correcta. Y ajusta en el camino.
miércoles, 31 de diciembre de 2014
Mi otro yo...
Miro hacia dentro, hacia mi corazón, abro su puerta y me encuentro con mi otro yo, ese yo infantil, esa mini Su que sentadita en la cama lee incansablemente y sueña. No hay nada que le guste más que tener un libro entre sus manos y dejarse llevar por sus páginas. La observo callada y me transmite una sensación de absoluta calma. Su mirada es limpia, sus ojos negros brillantes, su gesto dulce y sereno. Dentro de ella se está forjando una historia, sueña despierta. Leer enriquece su alma y abre su espíritu hacia otra realidad, en la que puede ser todo lo que ella quiera ser, porque el libro es creador de sueños. Se me escapa una lágrima al pensar cuántos de esos sueños se han quedado en el camino, atrapados en alguna página rota, en algún libro escondido... No he sabido mantenerlos, darles forma, darles vida. La miro y añoro esa inocencia y frescura, esa paz interior, esa sonrisa limpia, sin dolor. La miro y le prometo que no la voy a defraudar, que no voy a volver a abandonarla, que no voy a volver a alejarla de sus sueños, que voy a luchar por ellos con más fuerza que nunca. Por ella...
La abrazo con mucho amor y me despido hasta mañana, hasta pasado, hasta todos los días. Y cierro por hoy la puerta...
Porque todos seamos capaces de recuperar al niño que llevamos dentro y reencontrarnos con él. Porque recuperemos la capacidad de soñar, la ilusión por cumplir nuestros sueños. Porque, a pesar de todo, nunca perdamos la sonrisa (este deseo en mí es todo un clásico). Porque aunque en ocasiones no lo creamos, siempre... SIEMPRE sale el sol...
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Desde mis zapatos de cristal
Hoy hace un año estaba recorriendo las calles de Bangkok, ilusionada y despeinada (como casi siempre). Amén de anécdotas varias, entre Changs, Pad Thai y azoteas imposibles, un encuentro mágico marcó el comienzo de un sueño, de esos en los que te pellizcas continuamente para comprobar que no estás dormida, y que he vivido con la intensidad que me caracteriza, nube arriba nube abajo.
Lamentable o afortunadamente (aquí entra en juego la imaginación de cada uno)... desperté. Y he ahí uno de los momentos más complicados con los que todo soñador que se precie ha de encontrarse al menos una vez en la vida (los que sólo roncan que dejen ya de leer ...), el de decidir si cierras los ojos rápidamente para intentar dormir un poquito más y fuerzas tu mente a volver a evocar una y otra vez el sueño aunque sea solamente un instante... O directamente te levantas y punto. Por regla general suelen darse las dos opciones de manera correlativa, una a la desesperada y otra a la fuerza. Es lo que tienen los aterrizajes forzosos...
Y es entonces cuando toca decidir cómo nos levantamos, momento crítico donde los haya, y que determinará la forma en que vivamos el resto del día.
Yo he optado por levantarme con energía, más decidida que nunca, mirando atrás con una gran sonrisa, con mil recuerdos guardados en el cajón junto con la calabaza, el vestido de tul y la varita mágica, dispuesta a cambiar el mundo, sola o en compañía. Hasta que caiga de nuevo la noche y vuelva a cerrar los ojos...
Entonces comenzará a escribirse un nuevo cuento...
Érase una vez...
PD: Esta vez me calzo las botas, que con zapatitos de cristal no es nada práctico...
domingo, 2 de diciembre de 2012
Compañía
Vengo de una comida en la que
me he bebido toda la producción de Ribera del Guadiana existente en mi
comunidad, así que a partir de ahora escribo borracha y que sea lo que Dios
quiera (hip).
Imagino que no soy la única a la que le ha pasado eso de enamorarse de alguien que no se enamora de ti. ¿No? Si a vosotros no os ha pasado, que sepáis que a mí tampoco… Era por hablar de algo…
Centrémonos entonces en esos pobres desgraciados que se han visto atrapados en un desencuentro emocional alguna vez. Lo que de verdad quiero saber es el porqué del sufrimiento al no ser correspondido. Más allá del despecho, el ego, la rabia, la humillación, la tristeza, el vacío… Vale, igual no hay que ir mucho más allá para entenderlo, pero insisto, ¿qué sucede en el fondo? Pues lo de siempre: el terror a la soledad, que en cada rechazo aumenta y se hace más palpable. Ya he escrito alguna vez sobre el miedo a la soledad y es un poco repetirme, pero no soy yo la que habla, es el alcohol y también tiene derecho a expresarse. ¿Y sabéis por qué creo que ese terror es la base de todo esto? Porque nos aliviaría mucho saber que, a pesar de que la relación no prospere, ese individuo insensato que ha osado rechazarnos ¡a nosotros! en realidad sí nos ama, pero comienza aquí el Greatest Hits de excusas para no asimilar un rechazo: “Es muy tímido y no es capaz de expresar lo que siente” “tiene un bloqueo emocional y no es capaz de mostrar sus sentimientos” “tiene miedo al compromiso” “está en un momento muy distinto al tuyo” “es que es muy infantil” “acaba de salir de una relación tormentosa” “tiene demasiado trabajo” “es que le das miedo…” (Me niego a creer que le dé miedo a ningún hombre, a no ser que le persiga con un picahielos por la casa… que todo se andará).
O sea, que nos aliviaría mucho saber que, aunque la compañía no sea física, hay alguien ahí para nosotros. Por eso creo que necesitamos más que nos amen que amar, por eso creo que necesitamos más que quieran estar con nosotros que estar con los demás. Por eso mantenemos relaciones muertas, intentando revivir ese aliento agónico con tal de contar con el otro. Por eso existen amistades basadas en la inercia o enfangadas en el tedio, o supuestos amigos que no te cuidan y a los que no cuidas pero que siguen llamándote para las cenas navideñas. Igual es el momento de asumir que uno está más solo de lo que creía. Y asumirlo con libertad y transparencia, con la recompensa de saber que respiras honestidad en tu entorno y te alejas de la congestión de la supervivencia más básica. O incluso igual es el momento de entender que uno está más acompañado de lo que cree cuando se ha quedado supuestamente solo. Lo siento, no soy capaz de expresarlo con más lucidez, pero intuyo que tiene sentido (de no tenerlo, disculpad mi torpeza etílica). Desde la inconsciencia a la que me empuja el alcohol, animo enérgicamente a que esta vez le echemos un poco de valor y salgamos de la ficción social y el espejismo afectivo. Salgamos del escondrijo vital y pongámonos a prueba. Quizá en ese solitario silencio consigamos escuchar, por fin, el rumor de nuestra propia compañía.
Brindo con una última copa (hip) ¡Va por vosotros!
Imagino que no soy la única a la que le ha pasado eso de enamorarse de alguien que no se enamora de ti. ¿No? Si a vosotros no os ha pasado, que sepáis que a mí tampoco… Era por hablar de algo…
Centrémonos entonces en esos pobres desgraciados que se han visto atrapados en un desencuentro emocional alguna vez. Lo que de verdad quiero saber es el porqué del sufrimiento al no ser correspondido. Más allá del despecho, el ego, la rabia, la humillación, la tristeza, el vacío… Vale, igual no hay que ir mucho más allá para entenderlo, pero insisto, ¿qué sucede en el fondo? Pues lo de siempre: el terror a la soledad, que en cada rechazo aumenta y se hace más palpable. Ya he escrito alguna vez sobre el miedo a la soledad y es un poco repetirme, pero no soy yo la que habla, es el alcohol y también tiene derecho a expresarse. ¿Y sabéis por qué creo que ese terror es la base de todo esto? Porque nos aliviaría mucho saber que, a pesar de que la relación no prospere, ese individuo insensato que ha osado rechazarnos ¡a nosotros! en realidad sí nos ama, pero comienza aquí el Greatest Hits de excusas para no asimilar un rechazo: “Es muy tímido y no es capaz de expresar lo que siente” “tiene un bloqueo emocional y no es capaz de mostrar sus sentimientos” “tiene miedo al compromiso” “está en un momento muy distinto al tuyo” “es que es muy infantil” “acaba de salir de una relación tormentosa” “tiene demasiado trabajo” “es que le das miedo…” (Me niego a creer que le dé miedo a ningún hombre, a no ser que le persiga con un picahielos por la casa… que todo se andará).
O sea, que nos aliviaría mucho saber que, aunque la compañía no sea física, hay alguien ahí para nosotros. Por eso creo que necesitamos más que nos amen que amar, por eso creo que necesitamos más que quieran estar con nosotros que estar con los demás. Por eso mantenemos relaciones muertas, intentando revivir ese aliento agónico con tal de contar con el otro. Por eso existen amistades basadas en la inercia o enfangadas en el tedio, o supuestos amigos que no te cuidan y a los que no cuidas pero que siguen llamándote para las cenas navideñas. Igual es el momento de asumir que uno está más solo de lo que creía. Y asumirlo con libertad y transparencia, con la recompensa de saber que respiras honestidad en tu entorno y te alejas de la congestión de la supervivencia más básica. O incluso igual es el momento de entender que uno está más acompañado de lo que cree cuando se ha quedado supuestamente solo. Lo siento, no soy capaz de expresarlo con más lucidez, pero intuyo que tiene sentido (de no tenerlo, disculpad mi torpeza etílica). Desde la inconsciencia a la que me empuja el alcohol, animo enérgicamente a que esta vez le echemos un poco de valor y salgamos de la ficción social y el espejismo afectivo. Salgamos del escondrijo vital y pongámonos a prueba. Quizá en ese solitario silencio consigamos escuchar, por fin, el rumor de nuestra propia compañía.
Brindo con una última copa (hip) ¡Va por vosotros!
miércoles, 24 de octubre de 2012
Puntos suspensivos
Yo hay una cosa que hago muy
bien, o sea, hay más de una (de hecho hay dos), pero en ésta soy muy buena, por
qué no decirlo. Yo me agobio muy bien. Pensaréis que es fácil, que lo puede
hacer cualquiera, pero os equivocáis. Lo hago con constancia, con firmeza y con
toda la obsesión necesaria para conseguir un agobio ejemplar. Yo cuando me
pongo, me pongo. Los agobios que más practico son los relacionados sobre todo
con la siguiente pregunta: ¿Qué va a ser
de mí?
Cuando pensaba hace años cuál
sería mi situación ahora mismo, nunca imaginé que fuera ésta. Porque uno supone
que en cada momento deberían estar pasando las cosas que uno ha decidido
previamente que deberían estar pasando en este momento (había formas más
sencillas de explicar esto, pero es que soy tan compleja…). Yo podría pensar
que ya toca enamorarme, que se me enamoren, tener un hijo pronto, de una noche
a otra por ejemplo, o dos niños ya crecidos, que voy mal de tiempo. A ser
posible, tener estos dos o tres niños (me voy viniendo arriba) con un hombre
que tenga un gran sentido del humor y un ático en el centro (si tiene un ático
en el centro, yo estaré de suficiente buen humor como para cubrir el de ambos).
Es un hombre que se lleva bien con mis padres y mi hermano, con mis amigos y
con los amigos de mis amigos, vamos, que es un crack este tío y, fíjate tú qué
cosas, resulta que la única mujer en el mundo que le interesa soy yo, ya puedes
ponerle a la Pataky al lado, que ni la mira.
Quizá estos requisitos puedan
parecer superficiales, pero no me importa (porque llevo torta. Gran rima de la
historia de la canción española). Muchas de las grandes frustraciones vitales
del ser humano radican en que las circunstancias no son como creemos que
deberían ser. Pero resultaría inquietante que todo saliera como habíamos
planeado, porque entonces deberíamos preguntarnos cuántas cosas nos hemos
perdido en el camino para que el camino termine donde hemos decidido. Es
ridículo encorsetar los días en función de nuestras metas. Metas que nos
marcamos desde donde estamos hoy, que no tiene nada que ver con cómo estaremos
mañana. Si pudiéramos saber ahora lo que estará sucediendo el año que viene por
estas fechas, significaría que el resto del año sería un simple paréntesis
existencial. Un paréntesis entre hoy y nuestra meta, en el que no deberían
producirse demasiados cambios para que el destino elegido no se vea alterado.
Un paréntesis temporal carente de transformaciones y sorpresas. Por eso, tras
esta reflexión, estoy decidida a terminar con el agobio al que me somete la
especulación. Me voy a animar a quitar mis paréntesis y a entregarme al abismo
de los puntos suspensivos.
Y ahora… Todo puede pasar.
jueves, 27 de septiembre de 2012
Lamentos
Cuando miro atrás y recuerdo
las estupideces que he hecho me dan ganas de darme contra la pared. Pero
entonces pienso que cuando recuerde este momento dentro de diez años, me
preguntaré qué leches hacía yo dándome contra la pared por el pasado, y entraré
en un bucle para lamentarme una y otra vez por mis actitudes. Primero por haber
hecho el idiota y luego por haber estado lamentándome de haber hecho el idiota.
La única manera de evitar esto es dejar de lamentarme ahora, evitando así
lamentarme después por estar lamentándome ahora (fácil ¿no?). El ahora está
sembrando el luego, y es importante, porque el luego está sembrando el después,
y así hasta el infinito y más allá… No sé si me explico. Yo podría volver a
explicarlo a quienes no lo hayan entendido, pero sería más útil que
releyerais el párrafo anterior para
evitarles la repetición a los que sí lo han entendido (en caso de haberlos).
Hay dos formas clásicas de
lamento: 1) Recrear mentalmente una situación pasada y pensar en todas las
variantes para salir de ella de una forma distinta: “Si no hubiera hecho, si no
hubiera dicho, si hubiera ido…”. Así hasta volverte loco, porque la
especulación nos vuelve locos y, además, no puedes cambiar lo que pasó, pero
quizá sí podamos cambiar cómo nos afecta ahora lo que pasó entonces. 2) La
justificación. Ésta es, si cabe, todavía peor, porque la principal intención de
justificar lo que hiciste en el pasado es quedarte tranquilo a costa de trampas
mentales. Recuerdo el testimonio de un preso que había robado un coche y
disparado a un policía: “Sí, yo robé el coche y disparé al policía… Pero si la
Policía hubiera hecho bien su trabajo y me hubiera detenido antes de robar el
coche, yo no habría disparado al policía”. Argumentos para salir ilesos siempre
hay. Reconocer el error es más rápido y menos doloroso, pero el ego se resiste
(el vuestro, digo, a mí estas cosas no me pasan). “Lo hice mal. Ahora intentaré
hacerlo mejor”. En el intento está implícito un posible fracaso, pero en el
fracaso convive un posible triunfo…
¿Estar vivo no consiste en
esto?
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